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Facultad de Ciencias de la Educación

El proyecto colectivo de desarrollo humano al respecto de la Universidad de La Guajira permitió la apertura de programas académicos sueltos, independientes, que luego, la normatividad universitaria nacional, fue permitiendo alojar en facultades. Así, los iniciales programas de Ingeniería industrial y administración de empresas dieron lugar a las respectivas facultades de Ingeniería y de Ciencias económicas y administrativas. Con estos dos programas y, por supuesto, con estas dos facultades, la institución funcionó durante ocho años (1977-1985).

Sin embargo, en 1978 se abrieron inscripciones para el programa de Licenciatura en matemáticas que, luego de un primer semestre de funcionamiento, fue cerrado por bajos niveles de demanda estudiantil (hay que recordar que esto ocurría en plena dinámica de la "bonanza marimbera", época de trastocamiento de valores, durante la cual no tenía ningún atractivo la dedicación laboral a tareas burocráticas o tradicionales dentro del ejercicio comercial o educativo; mucho menos atractivo tenían los ingresos derivados de estas actividades y las prácticas de ahorro y previsión que incluye la programación medida del gasto). Los cálculos y proyecciones vitales de la época se establecían mediante el contraste entre lo 'invertido' durante los estudios (dinero y tiempo) y lo que podría derivarse del ejercicio de cualquiera de los 'cargos' ejercidos en la marimbería. Esta fue una lucha desigual a la cual se agregaba la dedicación y esfuerzo, socialmente reconocidos, que había que hacer para 'coronar' una carrera de matemáticas.
Aquellos sueños de formación profesional que se intensificaron con la posibilidad de empleo en las empresas transnacionales, tocaron la realidad cotidiana y comenzaron a transformarse. La formación profesional no es ni para resolverle el problema de empleo a una empresa y a un contingente ni para desarrollar competencias en carreras específicas sino para que "la educación sea la mejor y más segura herencia que una persona pobre y digna pueda dejar a sus hijos", cualquiera sea el campo o disciplina de formación.
Hay que mirar a las escuelas, hay que trabajar sobre la formación de los niños, hay que superar lo acontecido durante la 'bonanza', el fortalecimiento del aparato educativo regional es una clave importante para el desarrollo social; hay que cualificar la formación de los formadores teniendo en cuenta las especificidades locales. Algunos de estos argumentos aparecieron en los documentos de planificación institucionales (cfr. Universidad de La Guajira, 1984, 27) y formaron parte de las ideas esgrimidas para proceder a la apertura de un nuevo programa académico en ciencias de la educación, después del intento fallido con la apertura y cierre inmediato de la Licenciatura en matemáticas.
Casi diez años después (1985), la institución diversificó su oferta académica y abrió el programa de Licenciatura en lenguas modernas. La formación en esta área comenzó a cualificar el profesorado de la básica primaria y de la secundaria y a inquietar a la institución en cuanto a la percepción institucional y regional acerca de las ciencias sociales.
La Licenciatura en lenguas modernas comenzó actividades con un plan de estudios muy parecido a los convencionales, a los existentes en el país; sin embargo, al poco tiempo fue modificado e incluyó un área de asignaturas que referenciaba la realidad multilingüe y pluricultural de la región; fueron ocho (8) asignaturas denominadas Tradición oral I y II, Gramática del wayuunaiki I y II, Cultura wayuu I y II y Literatura aborigen I y II.
Su quehacer pedagógico y disciplinar era distinto del desarrollo de los otros programas 'encuadrados' en las otras dos facultades. Había que abrir un espacio académico-administrativo nuevo, para la nueva realidad. Se creó la Facultad de ciencias de la educación. Ésta, con la inclusión del área sobre temática regional en la Licenciatura en lenguas modernas, desde sus inicios mostró su preocupación por la realidad lingüística y cultural. Simultáneamente, como un punto de apoyo del programa y, específicamente, de lo regional, con el apoyo de la empresa privada, se creó el Centro de información sobre la cultura wayuu (1987).
La primera experiencia en educación abierta y a distancia que tuvo la naciente Facultad de ciencias de la educación fue en convenio con la Universidad del Magdalena (1994), entidad que, de manera unilateral, ya ofrecía estos programas en Maicao. En Riohacha, la Universidad de La Guajira concentraba a los docentes provenientes de los municipios para las jornadas de tutoría requeridas. Esta profesionalización fue apoyada por el Departamento y la Asociación de educadores de La Guajira -Asodegua-. La cualificación se produjo en matemáticas, ciencias sociales, español y otras especificidades de Licenciatura.
Casi otros diez años pasaron para abrir un nuevo programa académico presencial: la Licenciatura en etnoeducación (1995). Resultado de reflexiones, experiencias y discusiones acerca de la conveniencia de apropiar académicamente el universo de la diversidad cultural y lingüística, la Licenciatura en etnoeducación se consideró como una opción más conveniente y urgente que la Licenciatura en etnolingüística y que Antropología, entre varias. Simultáneamente aparece la unidad de información ampliando su campo de acción en consonancia con el nuevo programa, respondiendo a esta razón cambia de denominación y pasa a ser Centro de información sobre grupos étnicos -Cige-.
Aunando esfuerzos para el desarrollo humano, mediante actividades culturales, académicas y científicas como la creación y puesta en marcha de programas de pregrado, postgrados, asesorías, cursos de capacitación para la investigación y la extensión, la Universidad de La Guajira convino con el Instituto colombiano de pedagogía -Incolpe- (1996) la oferta de programas de Licenciatura en matemáticas, ciencias sociales, español, entre otras, en el territorio nacional; se abrieron en los departamentos de Antioquia, Cundinamarca, Córdoba, Sucre, Bolívar. Estos programas permitieron el acceso a docentes que, desde sus desempeños docentes de muchos años, estuvieron esperando una oportunidad para capacitarse. La oferta educativa decayó por no haberse dado las relaciones apropiadas entre las partes convenientes. El MEN, sin embargo, brindó a la Universidad de La Guajira la oportunidad de que asumiera los programas como propios y los ofreciera autónomamente; la institución asume el reto y, teniendo en cuenta que en la zona de Córdoba y Sucre es donde ha habido mayor demanda, decide abrir una Extensión en Montería. Por falta de diligencia institucional para asumir la acreditación previa de los programas, al vencerse su vigencia, se canceló la oferta de los mismos.
La cualificación de docentes de la básica y media, mediante convenio con ICETEX (1998), tomó un nuevo aire: la Facultad de ciencias de la educación de la Universidad de La Guajira brindó una formación en pedagogía para un numeroso grupo al servicio del Departamento (unos trescientos cincuenta).
Luego vino el proceso de Acreditación previa de los programas (Ministerio de educación nacional, Decreto 272, 1998) que se convirtió en la oportunidad para reorganizar la Facultad de ciencias de la educación. Se revisó lo existente, se valoró la historia y se hicieron ejercicios de proyección. En resumen, se generó un cambio en la conceptualización (Universidad de La Guajira, 1999) que, a su vez, produjo otros en la integralidad de los programas.
La revisión condujo al análisis de la situación del programa de Licenciatura en lenguas modernas existente desde 1985. Se tomó la decisión de transformarlo en dos: uno, Licenciatura en lengua castellana y dos, Licenciatura en inglés. Sin embargo, de acuerdo con lo establecido en la norma, al no ser acreditados no pudieron funcionar. La institución formó a trescientos setenta y un (371) Licenciados en lenguas modernas (Pérez van-L., Francisco, 2008, 40).
La oportunidad generada por el proceso de Acreditación previa también permitió rescatar un estudio que planteaba la necesidad de formar formadores para servir a la población preescolar y apoyarse en los documentos orientadores del quehacer académico institucional. El colectivo de docentes que tuvo a su cargo la dinamización del proceso quiso ser más ambicioso y se inclinó más que por la educación preescolar, por la formación global del niño. Por esta razón, se diseñó el programa de Licenciatura en pedagogía infantil.
Posterior a la Acreditación previa, la Facultad de ciencias de la educación adoptó el Programa de artes visuales con miras a convertirlo en la Licenciatura en artes visuales. Asimismo, mediante el diagnóstico respectivo, la institución procedió a la apertura del programa de Licenciatura en pedagogía de la educación física, el deporte y la recreación.
Dos campos de formación aparecen como comunes a los programas de Licenciatura que ofrece la institución: el investigativo y el que, con distintas denominaciones, se refiere a los asuntos culturales y a la diversidad. De esta manera, la Facultad de ciencias de la educación se está poniendo a tono con lo que de ella está requiriendo la realidad regional.
A partir de la iniciación de los procesos de acreditación, el MEN lanza un lineamiento en el sentido de que las Facultades de educación debían acompañar a las escuelas normales; la Institución educativa "Escuela normal superior indígena" de Uribia convino con la Universidad de La Guajira que, previo el desarrollo del ciclo complementario, las estudiantes de la Escuela entraran al Programa a cursar del quinto semestre en adelante. El acompañamiento de la Facultad a la Escuela comenzó a desarrollarse (2002) con miras al proceso de acreditación de ésta.